Contrato fijo discontinuo

El contrato fijo discontinuo no es ninguna novedad, aunque a veces lo parezca. Siempre ha estado ahí para dar cobertura a trabajos que se repiten cada año, pero no de forma continuada. Lo que sí es nuevo es el protagonismo absoluto que ha adquirido tras la Reforma Laboral de 2021, que lo convirtió —de facto— en el sustituto natural de buena parte de la contratación temporal que conocíamos hasta entonces.

Los datos hablan solos. En 2025, el 14 % de los contratos en España son fijos discontinuos. Y si miramos a Baleares, donde la estacionalidad no es una excepción sino la norma, el porcentaje se dispara hasta el 21,1 %. No es casualidad: turismo, hostelería, comercio y servicios viven de campañas, temporadas y picos de actividad. El fijo discontinuo encaja perfectamente en ese modelo… siempre que se utilice correctamente.

Conviene recordar algo que a menudo genera confusión: el trabajador fijo discontinuo es indefinido, pertenece a la empresa de forma estable. Lo que no es estable es la prestación de servicios, que depende del famoso *llamamiento*. Ese llamamiento no es un favor ni una cortesía empresarial: debe hacerse siguiendo criterios objetivos, normalmente marcados por el convenio colectivo, y dejando constancia por escrito. Aquí es donde empiezan muchos de los problemas que luego llegan al despacho.

Durante los periodos de inactividad no hay indemnización, porque no hay extinción del contrato. El trabajador pasa a una situación de alta especial en la Seguridad Social y, si cumple requisitos, puede acceder al desempleo. El conflicto aparece cuando la empresa no llama cuando debería hacerlo. En ese momento ya no hablamos de una simple “temporada floja”, sino de un posible despido, con todas sus consecuencias jurídicas.

En mi experiencia profesional, el contrato fijo discontinuo es una herramienta útil y necesaria, especialmente en territorios estacionales como el nuestro. Pero también es una modalidad que exige orden, planificación y respeto escrupuloso a las reglas. Cuando se usa bien, aporta estabilidad. Cuando se usa mal, genera litigios… y casi siempre salen caros.

Sebastián Torres Franco
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.